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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Palabras Errantes
Diario de un antropólogo

Diario de un antropólogo.

 

Escrito por Carolina Massola.

 

 

Dr. Joaquín Fernández de la Rivera

Madrid, 21 de abril de 1998

 

Como camaradas del profesor Alfonso Cibert y activos miembros de la comunidad antropológica creemos de alto valor científico la publicación de este material.  Sabemos de su inextinguible labor, a la que dedicó toda su vida.

Lo que para muchos de ustedes ha sido hasta el momento una materia más para cursar, fue para Cibert adquirir una manera de vivir, donde la observación fue la columna vertebral de sus viajes e investigaciones como etnólogo.

Varias de sus comentadas investigaciones que más tarde volcara en el programa  de su materia,  “Simbolismo y estructura social”, no dejaron de sorprendernos. Sin embargo este trabajo y estudio inconcluso, cuyo campo de aplicación fue muy discutido, nos regala una fotografía vívida de su experiencia entre los Bosquimanos.  Este cuaderno fue hallado tal cual ustedes van a leerlo, entre otros varios papeles sobre el escritorio de su estudio. Como es de conocimiento público, la muerte inesperada del profesor ha dejado un silencio irreparable tanto entre nosotros como en el ámbito internacional. Por eso, luego de largas discusiones, tomamos la decisión de editarlo como despedida y cierre de sus investigaciones.  A nosotros será de comentar e interpretar en futuros trabajos estas líneas.

Nuestra tarea se constituyó en publicar este material, sin permitirnos corregir ni retocar nada. Encontrarán que no se destaca en formalismos académicos, como tampoco en sistematizaciones ni categorizaciones. La observación y el planteo de los interrogantes que van surgiendo a partir de ésta, es el objetivo primero y final de la publicación de este diario. Esperamos que el lector encuentre placer al saborear cada anécdota narrada en su estado puro y original, mientras se va representando el acto, en una suerte de desmenuzamiento y al mismo tiempo de reconstrucción de un espacio y un tiempo que representa otra cultura. Quizás este diario tenga la suerte de llegar no sólo a investigadores del área de la antropología.

Quisimos llamar esta publicación por lo que nos significa en sí misma y por lo que nos representa, sin nombres propios: Diario de un antropólogo. Este diario es la huella del pensamiento de un científico, que por algún motivo ha tenido escasa difusión de sus investigaciones. Particularmente, creo que el motivo se halla en estos mismos momentos, bajo nuestros ojos. Este es el fundamento de esta publicación, que coincide casi por azar, con el de su obra. Devolverle la voz a quienes fueron silenciados.

 

Conferencia otorgada en el aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid a los  alumnos integrantes de la Carrera de Antropología y profesores, con motivo de la presentación del texto que aquí abajo se exhibe y en homenaje a su autor, el Lic. en Antropología, Alfonso Cibert (1942-1997).

 

Nota del editor

Debemos aclarar al lector la ardua tarea de reproducir un texto cuyo original es un manuscrito. Eso triplicó el tiempo de trabajo y corrección de la información volcada. Muchas tachaduras o correcciones, como así también llamados y anotaciones en otras hojas facilitaron las confusiones. Cierta ilegibilidad no ha podido resolverse y lo reconocerán gráficamente como puntos suspensivos. Cabe señalar el estado en el que se encontró el diario, con algunas hojas del medio  arrancadas y luego un final inconcluso donde también se puede observar que alguien arrancó las hojas faltantes, ¿quizás el propio Cibert? Nos queda el interrogante. Casi al final del diario, escondida entre las hojas blancas sin usar, encontramos una leyenda que por algún motivo u olvido dejaron a salvo y que transcribimos también como cierre.

Aún a pesar de estos inconvenientes prácticos, hemos intentado guardar y recrear fiel al mismo original el diario que Alfonso Cibert escribiera durante su estadía con los Bosquimanos entre el 10-07-85 y el 18-09-85.

 
Botswana. Desierto de Kalahari. miércoles 10 de julio de 1985.

Mis investigaciones en el campo de las ciencias antropológicas en todos sus estadios, en conjunción a mi pasión por los viajes, me han llevado a explorar  lugares recónditos. Este diario quizás pueda atestiguar algún rasgo que yo no vuelque en mis estudios.

A través del método de observación participativa, tan discutido aún hoy por mis colegas contemporáneos, he tenido la suerte de investigar algunas tribus africanas. Todas experiencias inolvidables que guarda cada línea de mi cuerpo. Aunque debo confesar que el encuentro con los Bosquimanos |xam me está atravesando por completo; espíritu y mirada. Si bien acabo de llegar, estoy como un niño explorador. La primera vez que supe y leí sobre los bosquimanos |xam  fue cuando tuve acceso a la Colección Bleek, casi al comienzo de mi carrera. Quedé obsesionado y encantado con ese pueblo. Toda la información leída me empujaba a buscar el encuentro y necesité muchos años para lograrlo y programarlo. Se me plantea la siguiente frase…“Todo acto de curiosidad precede cualquier hecho científico”.

Hoy, a pesar de mi alegría, me encuentro lamentablemente ante un pueblo que como muchos otros investigados, ha sido expulsado de sus tierras. Lo triste es que no sea algo novedoso, al contrario. Algunos colegas, como D.L,[1] piensan que se acercan a investigar lo que queda de una cultura, yo me siento explorando el resultado de una cultura que ha sido marginada, pero que sigue existiendo como cultura y como pueblo, a pesar de los condicionamientos externos. Seguramente sea con fines monetarios, avalados por una cultura y un sistema que los juzga como salvajes y primitivos. O mucho peor aún, como inferiores. Inferiores frente a los ojos de una civilización que posee otros conocimientos y más que nada otros valores, que posicionan el conocimiento en una única vía, con una única dirección. Y vienen a otorgarles la maravillosa posibilidad de progresar en esa dirección, de ingresar en el progreso. Aunque en el campo científico de la antropología, estas nociones (primitivo-salvaje) ya no tienen sentido, hay que reconocer que esas palabras edificaron parte de esta ciencia.

 

jueves 11 de julio, 1985

Anoche he escrito “culturas extrañas” y ahora que me releo, pienso en cómo pude traer la palabra extraño, siendo que proviene del latín, y por eso, lleva la huella de la idea que se refiere a lo externo, lo ajeno, el exterior, lo extranjero…, sin embargo, parecería hoy llevar sumado a esas ideas, el sello de algo peligroso. También utilicé la palabra salvaje,  pensando que viene del francés sauvage y ésta deriva del latín silvaticus y de allí silva, selva. ¿Sería en ese entonces menos espantosa la oposición entre las palabras salvaje y civilizado? Luego, vaya uno a saber qué sucedió con el uso que hicieron los “civilizados” de la palabra salvaje…, no poseo ahora mis diccionarios para investigar estas palabras.

Desde ayer que llegué mi observación ha sido desde el silencio, se me escapó la participación, aunque estoy aprendiendo y estudiando palabras de su vocabulario sin mucho éxito. Estoy armando un pequeño diccionario para mi uso personal. Mientras tanto me he acomodado a mi choza hecha prácticamente en paja, donde se está fresco. Mi único temor es olvidar mi tabaco encendido como suelo hacer o despertar acompañado por un alacrán o una mamba negra, a la que tengo mucho respeto. Mañana vendrá temprano un Bosquimano que comprende el inglés y trataremos de comunicarnos. Él se convertirá en mi informante, en mis ojos y casi diría en mi percepción.  Tendré que ser cuidadoso. Este es uno de los momentos más importantes de la observación e investigación. La hora de recoger datos y anécdotas desde la percepción de otro integrante del grupo. Aunque sobre la percepción, que es la base de toda investigación, tengo mis ideas, que quizás vuelque en otro momento. Por la tarde fui a dar un paseo, no muy lejos porque estaba solo. Los hombres son muy amables, hay algunos que están vestidos al uso occidental y otros que guardan más sus atuendos típicos. La perversión de nuestra cultura llega hasta estos lugares en forma de alcohol…

Cuando me hablan no comprendo mucho, pero su lengua es como un canto antiguo de chasquidos y suena maravilloso. He resuelto no recibir correspondencia, no leer ningún tipo de texto que me aleje de mi objeto de estudio. Si “aislado” es la palabra entonces que lo sea. Me siento en plena conexión con este ambiente y sólo me limito a observar. Luego trabajaré sobre cada observación realizada si es que mi espíritu no me abandona por este mágico y antiguo lugar.

 

viernes 12 de julio, 1985

Aunque pensé que en este hemisferio sería el invierno, hoy el calor ha sido abrumador, no imaginé temperaturas cercanas a los treinta grados. Salimos a conocer el terreno con mi intérprete Tobee, que vino a buscarme temprano. La caminata me costó mucho, se me hacía imposible no pensar en la sed y la transpiración. Mis botas eran agua y sufrí mucho cada  paso… Por momentos creía que los leones nos acechaban ¿o sería el efecto del calor? Anoche no descansé bien, dormir se me dificultaba, los sonidos de la selva a oscuras son perturbadores, alimentan el imaginario que poseo y las imágenes abundan tras mis ojos. El insomnio me invitó a la escritura. Estuve fumando… mucho, creo que la inmensa noche repleta de estrellas tuvo algo que ver.  Interrupción.

Definitivamente mi estadía con los bosquimanos |xam transita la línea de lo extraordinario y debo dar gracias por ello a Tobee. Esta noche mediante su intervención he podido  presenciar una danza ancestral para las estrellas. Antes de la interrupción, estaba yo en mi tienda escribiendo en el diario, recién encendía un tabaco y vino Tobee buscándome, “esta noche bailamos para las estrellas”. Por supuesto abandoné todo y lo seguí.  Tímidamente, pero repleto de expectativas. Ya desde lejos vi las llamas de un gran fuego, Tobee me las presentó como “gua-gua”.[2] Alrededor, las mujeres estaban sentadas y comenzaban a aplaudir con un ritmo dulce y lento que iba aumentando mientras agregaban sus voces. Los hombres comenzaban a caminar alrededor del fuego levantando sus pies (lo que llaman “gu-tsau”),[3] al ritmo de las voces y todos pronto se unían en cantos que iban progresando, hasta llevar el ritmo de la música y de la danza a un punto culmine de elevación, en una suerte de inspiración que provocaba que algunos comenzaran a temblar y a sacudirse a veces frenéticamente. Yo miraba a Tobee, pero sin intenciones de arruinar la imagen con mis preguntas. ¿Acaso escribir y describir todas las observaciones que realicé, podría darme la capacidad de comprender el valor que un ritual tiene para otra cultura? 

Mis cuestionamientos comienzan a instalarse en la construcción que existe en el hecho de poseer una mirada sobre el otro, pero no cualquier mirada, sino la calificadora. ¿Es éste,  nuestro criterio de definición del otro? ¿Y cómo reconstruyo el objeto de estudio desde mi lengua? Vuelvo a pensar en el asunto de la percepción…

¿Cuál es el verdadero trabajo y/o límite de la observación participativa?  ¿Cómo se escapa de la calificación mientras se describe? ¿Y por qué ese afán de nuestra cultura por categorizar y clasificar todo?, como si así pudiéramos ordenar el mundo que nos rodea… ¿No será sólo un artilugio, una ilusión que nos creamos a través de nuestro lenguaje para sentirnos ocupados y tranquilos ante lo confuso del Universo?

Por lo pronto, anoche me he regocijado gracias a las diferencias culturales. Mientras las llamas iluminaban mi rostro, veía pasar cuerpos, como si flotaran llenos de energía, entonando seguramente cantos tan antiguos como su cultura y sentía deseos de sentarme en el sillón de espectador. Era todo lo que quería y fue un gran honor que se me permitiera hacerlo al abrigo de la piel de un antílope cazado quién sabe cuándo.

Mi intérprete me explicó que lo que había observado es una danza de curación y sanación, en que la música junto con las voces y la danza, ayudan a conectarse con los espíritus de sus ancestros. Ayudan a !ka tsau /’an. [4]  La imagen era tal como si se hilara un puente entre el cuerpo enardecido por un calor interior, provocando fuertes temblores que comienzan a marcar y a elevar el ritmo, todo eso provocando una energía en el ambiente imposible de traducir, pero que podríamos llamar éxtasis y todo esto los lleva a la conexión con otra percepción(…)


sábado 13 de julio, 1985

Anoche me acosté a cualquier hora, extasiado de percibir tanta energía pura, todavía bailaban y cada vez más intensamente.  Algunos, los recién iniciados,  no podían soportar tal éxtasis y se retiraban agobiados y en un estado preocupante para mi mirada. Me dormí al son de los cantos y soñé con escenas extrañas (…) no puedo recordar exactas las imágenes, pero por la transpiración juzgo no sería nada bueno. Amanecí algo angustiado.

Y si ayer estaba maravillado, hoy luego de lo que he presenciado, creo que me acerco al corazón de lo que intento vislumbrar. Entre los miembros de los bosquimanos  |xam y aun de algunos chamanes, hay un chaman (n/om-kxao)[5] que se destaca del resto. Se distingue en todos los aspectos en que le observo. Es considerablemente más grande de talla que sus congéneres desde la altura hasta el tamaño de sus ojos y párpados. Sus movimientos en la danza de anoche poseían mayor intensidad en relación al resto y todos se acercaban a pasar sus manos alrededor de su cuerpo, como si transmitiera cierta energía que otros no y luego de eso comenzaban a temblar con más vigor. Acostumbra llevar un séquito de aprendices día y noche revoloteándole como moscas. Y aunque desde mi llegada se me dificultaba mucho poder observarle, de las cosas que pude vislumbrar, hoy hubo una escena que quedará por siempre en mi retina.

Al comienzo del mediodía salimos a realizar una caminata, eso fue lo que interpreté rápidamente porque no llevaban sus armas de caza, (lanzas y  flechas envenenadas con una savia de la zona). Seguramente tuviese un objetivo este paseo, pero yo lo desconocía y sólo me limité a percibir lo que mis ojos observaban, intentando no dar significaciones.

En un principio no quisieron dejarme participar, pero nuevamente gracias a la mediación de Tobee y luego de descalzarme me encaminé detrás de la fila. Creo que se compadecieron de mi rostro de súplica.

Nuevamente era aquél niño explorador de mi infancia. El sol era abrasador y nadie emitía sonido alguno. Podían detenerse el tiempo que fuera necesario para observar el movimiento de las hojas de los árboles, que parecían conocer como la palma de sus manos y esto con toda la naturaleza que nos rodeaba, por lo que presentía estaban siguiendo alguna señal. Nos dirigíamos sin lugar a dudas hacia donde venía el viento.

Detrás de lo que a mi parecer era una arboleda, se iluminó bajo nuestras miradas un manto de arenas tan doradas como el sol. Supuse sin equívocos era el desierto que nos rodeaba. Aunque no era  la imagen que solía ver o imaginar en fotografías o películas, esta era nueva, repleta de dunas, inmensas dunas de arenas rojas. Pero he aquí que el único apto para pisar las arenas era el consabido integrante particular de la tribu, que más tarde supe es el chaman que posee más poderes. Le vi dirigirse a un sitio, como si supiese exactamente a donde se dirigía y en sus manos llevaba unas piedras que juzgo funcionaban como talismanes. Una de las piedras era negra como el carbón, tal vez se trataba de la piedra azabache y la otra, no estoy seguro, era de dos colores, tierra y dorado. Podría ser un ojo de tigre…

Mientras yo pensaba en el origen de las piedras, le vi detenerse y observar a diestra y siniestra. Sus brazos se extendieron y comenzó a girar tomando gran velocidad hasta que sus manos soltaron las piedras al mismo tiempo y fueron a caer, no puedo comprender

cómo, en el mismo sitio. Caminó hasta allí y cuando estuvo frente a los talismanes se arrodilló y comenzó a tomar la arena entre sus manos y a observarla, casi acariciándola con sus dedos, como si intentara descifrar un mensaje. Luego se inició una suerte de canto colectivo. Cuando todos callaron, el n/om-kxao comenzó a hablar, el sonido de chasquidos  era lento y pronunciado con algo que juzgaría dulzura. Parecía hablar con aquellas arenas rojas, mientras las dunas nos envolvían y la brisa cobraba una fuerza repentina. El rito duró unos minutos más. El viento arrojaba el silencio entre nosotros. Cuando recogió las piedras se levantó lentamente. Las besó una por vez y se las colgó del cuello, como si fueran un collar. Se acercó a nosotros y emprendimos el regreso.

Todos iban callados y yo también, el único que parecía hablar era el viento, que no cesaba de aullar. Cuando llegó la noche y las estrellas alcanzaban el más alto brillo, todos, hombres y mujeres, se sentaron en la tierra en un gran círculo alrededor del fuego y yo también lo hice. Podía vislumbrar la belleza recortada por las llamas, cada hombro, perfil, sonrisa que se me estaba brindando esa noche. Observamos el cielo. Abrí mi paquete de tabaco y lo ofrecí. Mientras el chamán más importante se servía y me sonreía plácidamente, regalándome una paz jamás experimentada, comenzó a hablarme. Por supuesto busqué la mirada de Tobee para comprender… “nosotros hablamos con la tierra y escuchamos al viento, el viento nos trae los relatos. Nosotros poseemos viento y partimos con ese viento a nuestra muerte” No respondí nada con respecto a eso, pero le dije a Tobee que le comunicara mi agradecimiento por permitirme presenciar la danza de anoche y la conversación de hoy con las arenas…

Cuando se alejó el gran chaman Tobee dijo algo así como:

Nuestro mayor regalo es seguir conectados con nuestra tierra, con la tierra de nuestros ancestros y con ellos a través de las danzas y los cantos. Esperamos regresar a nuestra tierra. Mientras… adoramos las estrellas.”

 

-Páginas arrancadas

 

martes 16 de julio, 1985

Acabo de tener la misma pesadilla que las últimas noches, ahora veo bien el sitio, estoy en un museo y veo cabezas de bosquimanos expuestas, disecadas como trofeos (…) hay una que parecería ser de mujer y veo su labio inferior sobresaliendo, como si soltara un grito de dolor y sufrimiento. Es insoportable la imagen y me despierto. Trato de fumar un poco de (….) y cambiar las ideas (…).

Durante estos días no dejé de preguntarme cuál sería el misterio de aquella escena. Cómo había nacido esa conversación con las arenas y quién sería el responsable del mensaje;  el chaman, las piedras arrojadas, las arenas rojas o el viento. Quizá cada elemento conforma su responsabilidad en recrear el rito y sin la participación de alguno de ellos, perdería el sentido. Indiscutiblemente. De eso estaba formado el ritual. De pronto mi lectura occidental comenzaba a querer ver más allá del horizonte.


miércoles 17 de julio, 1985

Hoy he realizado un recorrido a solas con mi traductor. Comenzamos a hablar de ciertas cuestiones que no llego a comprender. Intenté retomar, aunque con temor, el asunto de las arenas rojas. Le pregunté si conocía cuál era el origen de todo aquello.

Tras un largo silencio, me preguntó si había tenido algún sueño“!un” ,[6] que me llamara la atención en estos últimos tiempos. Me quedé sorprendido por su pregunta y automáticamente recordé mi pesadilla recurrente…, le dije que sí, le dije que desde mi llegada había tenido varias veces la misma pesadilla. 

Respondió que al regreso conversaríamos con el gran chaman sobre mi pregunta.  Hice el resto del camino callado, sumido en mis pensamientos, haciéndome preguntas y respondiéndolas al mismo tiempo, agotándome sin sentido alguno hasta que Tobee me tranquilizó diciendo que tendríamos “N/haitzi’i”[7] al llegar, como si presintiera mi preocupación.

Cuando llegamos muchos ya se encontraban alrededor del fuego, preparándose para la noche que estaba a punto de caer sobre nosotros. Me senté en un sitio cualquiera y Tobee siguió de largo. Me quedé esperando mientras comenzaron a cantar g//aoah da’atzi”.[8] Nuevamente me sentí el niño explorador arrullado por esos cantos ancestrales…

Entre tanto se sentó a mi lado el gran chaman, me sonrió amistosamente y asintió con su cabeza a Tobee que ya estaba a mi otro lado y me dijo, “puedes preguntarle ahora sobre las arenas rojas”.

Como me sentía un poco nervioso comencé a armarme un tabaco para ocupar mis manos y coordinar mis palabras. Entonces pregunté. Lo hice sencillamente, sin ánimos de ofender, aunque sentía que estaba entrando en un terreno fangoso. El gran chaman comenzó a explicar y Tobee sucesivamente a traducirme.

la gente nos llama bosquimanos, lo que quiere decir gente del bosque…, tenemos también el viento y estamos en contacto con la naturaleza, con toda ella porque somos parte de ella.

De las estrellas, la luna, el sol, cada piedra y grano de arena roja…

Somos =ahmi”[9] y no poseemos el sentimiento de “!Xaua-khoe”,[10] tan común entre los blancos.

Nuestros valores se basan en  estar siempre =Uma-khoe”,[11] procurar el sentimiento y también la superación de ese sentimiento por uno más fuerte.[12] “Are”[13] sería el nivel más alto y maravilloso…

Luego hubo un silencio que me pareció eterno mientras sólo tenía como música el crepitar de las llamas iluminándome el rostro de alguien que antes parecía un enigma indescifrable y ahora se brindaba completamente. Siguió hablando…

“”sabía que usted vendría hasta aquí, estuve esperándolo desde que lo soñé. En mi sueño usted presenciaba ese ritual que nunca se realizó más que en mi sueño y que realizamos sólo para usted, porque usted con su pregunta traerá una respuesta. Lo único verdadero del ritual que presenció son las piedras, que pertenecieron a uno de los chamanes bosquimanos más importantes. Las piedras estaban en el sueño.”

Tobee estaba serio, su rostro parecía hablarme de algo doloroso y profundo y yo me sentía extrañamente afligido, con una gran responsabilidad y al mismo tiempo mi capacidad de entendimiento me abandonaba. Me sentía acorralado por mis propios miedos antiguos. Pero sabía que tenía que hablar de mi sueño. Tobee me había preguntado y no sería azarosa la pregunta. Luego de breves segundos de silencio comencé a hablar, no sabía si tendría relación, pero era lo único que venía a mi boca…

“Sólo encuentro como respuesta compartir con ustedes una pesadilla que estuve teniendo recurrentemente desde hace varias noches. Hoy Tobee me preguntó si había soñado con algo en particular y lo recordé. En mi pesadilla estoy en un museo, imagino en algún lugar de Europa, podría ser alguno de ciencias naturales…no recuerdo haber estado allí y me veo en una sala donde hay expuestas…-me da mucha vergüenza decirlo- cabezas de bosquimanos disecadas, clavadas en un hierro como si fuesen un trofeo…y recuerdo una que parece ser de mujer y su labio inferior está hacia afuera, como soltando un aullido de dolor… ”

Cuando terminé de contarles, cerré los ojos y comencé a llorar. Me daba tanta vergüenza mi sueño, porque estaba seguro de que eso existía en algún lugar. Cuando levanté mi cabeza Tobee miraba fijo el fuego y el gran chaman me regaló una sonrisa que sanó mi angustia. Hubo silencio durante muchos minutos…, pensé que ya no hablaríamos por esta noche,  pero volvió a hacerlo.

El antiguo dueño de las piedras fue el chaman más importante que tuvimos, pertenece a una generación muy antigua de bosquimanos. Los primeros que sufrieron la invasión de los colonos. Él fue llevado a Europa en un tiempo para una exposición. Yo siquiera había nacido. Nunca regresó y no sabemos cómo murió ni donde pusieron su cuerpo. Su espíritu puedo asegurar está con nosotros, en el viento y fue él quien trajo mi sueño y también quien trajo el suyo. Creo que está tratando de pedirle algo…

Imposible conciliar el sueño. Tengo miedo, miedo de soñar con esas cabezas nuevamente, miedo de lo incomprensible y de mi inservible ciencia para esto(…). No sé cómo interpretar las palabras que hoy escuché, ni qué tipo de ayuda esperan de mí.

 

 jueves 18 de julio, 1985

Hoy yo mismo le he propuesto a Tobee realizar una caminata. Tenía ganas de conocer más los alrededores y en el camino me ha explicado cómo sobrevive un bosquimano gracias a la naturaleza. Nos detuvimos varias veces y me enseñó algunas raíces curativas, una de ellas tenía un sabor terriblemente amargo. Luego compartimos un camino callado hasta que llegamos a lo que yo llamaría un santuario de piedras y allí nos sentamos. En la confianza del silencio armé un cigarro con el tabaco que llevaba y le invité a fumar  mis hierbas. Creo que aquello estableció un pacto que me invitó informalmente a la confesión de mis miedos. Le dije que me costaba mucho comprender el mensaje de los sueños, mi cultura, mi propia lengua y su recorte de mi realidad, mis estudios y mi calidad de científico coartaban estas nuevas percepciones del universo, pero eso no significa que no quiera ayudarlos. No puedo negar la existencia de los sueños y la veracidad de mi sentimiento. Pero ahora… ¿estaría yo dentro de mi objeto de estudio? ¿Dónde me colocaría yo como etnólogo?

Al menos me gustaba compartir con él mi cigarro, entregárselo a sus  finos  largos dedos agrietados por las marcas del sol y del clima.  Verle estirar los gruesos  negros labios sobre el papel y oírle aspirar la fumada como yo. Nada nos diferenciaba en este sencillo acto de fumar. Luego hablé un poco de mi origen y me sentí nuevamente avergonzado y así lo expresé para que lo supiera

Me respondió con un largo silencio que no supe interpretar. Y  contesté a mi vez sacando lápiz y papel para dibujar el contorno de las piedras, que parecían querer decir algo. Inesperadamente comenzó a contarme su historia. Era una tentación no transcribir sus palabras, no he podido recoger todo, pero por la estima que merece su confianza, sólo tomé nota de algunos párrafos, el resto, intacto en mi memoria, forma parte del pacto entre mi espíritu y el suyo.

“Crecí como un cazador, todos nuestros hombres crecieron así…, cazar es ir a hablar con los animales, no robar. Pero hoy lamentablemente lo tenemos prohibido, como tenemos prohibido regresar a nuestras tierras y el acceso a nuestro pozo de agua, que sería luego de esas dunas rojas y preciosas que no podemos pisar”

“nos han prohibido ser lo que somos, cazar como lo hicieron nuestros ancestros, es cuando tienes que seguir las pistas del antílope y eso puede llevar días, días en que sabe que estás ahí, y cuando corre tú tienes que correr y cuando corres te vuelves como él…”

“La primera vez que cacé no se me permitió comer. Pero ahora se nos prohíbe cazar.”

“El granjero dice que es más adelantado que el antiguo cazador, pero nuestros antílopes son libres, no son nuestros esclavos.”

“Nuestros ancestros son muy importantes para nosotros, sin ellos no podríamos estar aquí… también aprendí a ser un chamán, aprendí a leer la tierra, a comprender lo que ella nos dice…”

No pude más que callar y sentirme despreciable. No tenía ninguna respuesta a sus  palabras, ¿qué podía yo decir ante tanta crueldad provocada por mi cultura?  Sólo recordar sus últimas palabras, la importancia de sus ancestros me hace pensar en esas cabezas horriblemente expuestas en algún museo. Deberé investigar a mi regreso, dónde están. Cómo llegaron allí y a quienes pertenecieron. ¿Cómo es posible que hoy en día exista algo tan descabellado? Mientras el genocidio hacia los bosquimanos avanza, la misma cultura que los extermina expone sus cabezas en un maravilloso museo, como objetos de estudio científico, para demostrar lo civilizados que somos y cómo nos interesan los salvajes  detrás de alguna reluciente, limpia y brillante vitrina.

 

domingo 31 de julio, 1985

Los sueños continúan visitándome, ahora distingo señales precisas del museo, que me ayudan a saber donde se encuentra ubicado. Estoy seguro que se trata del viejo continente. Deberé esperar a mi regreso para (…).


– Páginas arrancadas y final del diario

 

Sin fechar.

Leyenda Mitológica del Sol encontrada al final del diario.

El Sol, un hombre cuyo resplandor se originó del hueco de su axila,  vivía antiguamente en la tierra; pero sólo daba luz al espacio alrededor de su casa. Algunos niños que pertenecen a los Primeros Bosquimanos (que provienen del llano Bosquimano en su país) fueron por eso enviados para lanzar el Sol durmiente al cielo; desde entonces, brilla sobre toda la tierra.


[1] Creemos que se trata del Dr. Dow Lewis, etnólogo inglés con quien compartió una expedición al Brasil.

[2] gua-gua: when the fire has big flames./ cuando el fuego tiene llamas grandes

[3] gu-tsau: the clapping that lifts the dancer’s legs in a dance./ golpes que levantan las piernas del bailarín en un baile

[4]  !ka tsau /’an: the heart rises more./ el corazón se eleva más

[5] n/om-kxao: Chaman –dueño de n/om-

[6]  !un: dream./sueño

[7] N/haitzi’i: good feeling when laughing together with friends./sentimiento bueno cuando se ríe junto a los amigos

[8]  g//aoah da’atzi: healing songs to quietly sing around a home fire./ canciones curativas para cantar silenciosamente alrededor de un fuego de casa, de hogar.

[9] =ahmi: refers to Bushmen as “circle people” and the circles around the sun and moon that remind people of important things./ se refiere a los Bosquimanos como “la gente de círculo” y los círculos alrededor del sol y la luna recuerdan a la gente las cosas importantes.

[10] !Xaua-khoe: ignorance caused by being selfish and greedy. It is the opposite of love./ ignorancia causada siendo egoísta y avaro. Es lo opuesto del amor.

[11] =Uma-khoe: sharing./ compartiendo

[12] ta’msi: feeling./ sentimiento – ta’ma kaice g/aoh: very strong feeling./ sentimiento muy fuerte

[13] are: love, which is the most important word for a n/om-kxao./ amor,  la palabra más importante para un n/om-kxao =chaman

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