titulo

Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Palabras Errantes
Lemonade

From Lemonade (final part):

Written by Sofi Richero. Translated by Alex Thomas.

[…] and sometimes you fall onto the blue and white striped canvas deckchair in a glamorous blackout, and sometimes, purposeful, you write words like pale blue mist, and all of your awful intention is noticed, always you can tell you take gold salts out of pride, to have gold running through your veins, your intention is noticed, and they get angry that you slip out of it so gracefully, your affairs of the heart are noticed and especially your niceness is noticed, that you have a deep terror of the irretrievable and that you forever forgive and seek forgiveness and are an approval fanatic, that you go to war and afterwards you go and apologise to the enemy for having stabbed your blade so close to their throat, you say something terrible and follow it up with a sweet relative adverb, you insert a maybe and perhaps a right away, such fear, you never insert a full stop. Insert a full stop and a little less love and just a little more respect, or hit delete and shut down system and sit down to read the writers’ books, the future writer who was once their student, to read the writers’ books, and do not write pale blue mist to see if you get their approval, pale blue mist is ugly, it lacks a warming glow, the glow of a princess, it is not enough to say the field with the flowers, the field yes, the field is more than enough but saying the field with the flowers does not make you any better or any worse unless you say it another way, you think that if the page has the word cherry tree on it then your work is done, cherry tree, cypress, poplar or violin, but with all due respect that cannot be trusted, I would not really trust anyone who puts in the word cherry tree nor would I trust those suffering contradictions that smart like an open wound or like an essentially tactless solution or like the cruel pride that separates us from our siblings or like the child in a state of perfect concentration as he studies his graze, I would not trust writing flooded with private tributes or general euphemisms, which brings me to another full stop. Write ‘The Spiritual Climate of 1900’, write ‘The Spiritual Climate of 1900’ if you can write. Now is the moment to go and put your head on your pillow with one simple wish, with your arms and legs pointing outwards, that they might fall onto the sheets of orange motorbikes and that the weight of your body might be completely evenly distributed, without the training of sheep jumping out of the pen, because sheep provoke thoughts about sheep and what this is about is being in that state of kind distraction where eyes close without us realising, eyes on the television which is switched on like the buzzing of sleep-wells or the self-taught goodnight, and there is a hill on my cerebral cortex at that anticipatory moment, my cerebral cortex itself is a hill of dishevelled dry grass the colour of lemons, with a footpath that leads to my house, a winding footpath that the therapist will always think is relevant for the diagnosis that he will give to mother with therapeutic tact, it is the winding path which goes to my house and the few ugly yellow ducks quacking around the centre, and the chimneysweeps are burning their feet on the coal from the stove in the house on the hill of my cerebral cortex, and a few untidy reeds have appeared at the corners of this house of impassioned bricks, and inside the fat woman kneads dough in a pink half-light that matches her skin and the blind sailor smokes his Cuban cigar with a triumphalist or virile air by a pewter jug that contains his two eyes, and those in turn contain the perfect sum of the days in which he craved something other than the sea, and the twelve apostles have sat down with their legs crossed under the sky-blue and white chequered tablecloth, their cigars resting in their ashtrays without any ash falling onto the white or sky-blue chequers, and those are the twelve apostles though they could just as easily have been the twelve fishermen of Galilee, and they are waiting for the special guest who is a little delayed, on the hill of dishevelled dry grass as Holden keeps watch so that the children do not fall into the abyss, and he watches the other horizon or the other abyss out of the corner of Holden’s eye, where the delayed special guest is to emerge, whom Holden will escort along the winding path to the house on my cerebral cortex, and the children will be left alone for a moment, they will experience the momentary neglect that will do them good while Holden opens the door and returns to his post and nothing bad has happened, nothing bad comes to pass, and then the special guest goes into the house, and all fall silent, and I fall most silent of all.

De Limonada (fragmento final)

Escrito por Sofi Richero. Traducido por Alex Thomas.

“(…) y a veces te tendés en el perezoso de lona a franjas azules y blancas con el desfallecimiento glamoroso y a veces escribís palabras como bruma azul pálido con mucha intencionalidad, toda la horrible intencionalidad se te nota, siempre se nota que tomás sales de oro con orgullo para que ande corriendo oro por la savia de tu sangre, se te nota mucho la intencionalidad y a ellos les puede dar rabia que salgas tan airosa de la experiencia, se te nota todo el asunto del amor y se te nota mucho la agradabilidad y que tenés un profundo horror a lo irremediable, y das los perdones y das las disculpas, y sos la fanática de las aprobaciones, hacés la guerra y después te vas a disculpar con el enemigo por haberle clavado la cuchilla tan cerca de la garganta, decís una cosa horrible y ponés el relativo dulce a continuación, ponés quizás y ponés tal vez enseguida, tenés tanto miedo, y no ponés punto. Poné punto y un poco menos de amor y un poco más de simple respeto, o pone borrar y también apagar el sistema y sentáte a leer los libros de los escritores, futura escritora que ha sido su alumna, a leer los libros de los escritores, y no pongas bruma azul pálido para ver si hay aprobación, bruma azul pálido es feo, no tiene una luz que es linda, luz princesa no tiene, decir campo con flores no es suficiente, el campo sí, el campo es muy suficiente pero decir campo con flores no te hace mejor ni peor a menos que lo digas de otro modo, vos crees que si la página tiene la palabra cerezo ya está salvada, cerezo, ciprés, álamo o violín, con todo respeto eso no es de fiar, yo no me fiaría demasiado de los que ponen la palabra cerezo ni de las contradicciones sufrientes como llaga viva o como remedio esencialmente indiscreto o como orgullo malo que nos separa de los hermanos o como niño en estado de perfecta concentración mientras estudia su lastimadura, no me fiaría del escrito saturado de homenajes privados ni de la eufemística en general, y aquí va otro punto. Escribí Ambiente espiritual del 900, escribí Ambiente espiritual del 900 si sabés escribir. Ahora es el momento de ir a poner la cabeza sobre la almohada con una pretensión sencilla, las piernas hacia fuera y los brazos igual, que caigan sobre la sábana de motocicletas naranjas y que el peso del cuerpo esté completamente bien distribuido y sin la técnica de las ovejas saltando del corral, porque las ovejas provocan pensamientos sobre ovejas y de lo que se trata es de estar en la distracción amable de ojos que se cierran sin darnos cuenta, ojos con el televisor encendido como zumbido de las buenas noches o como buena autodidacta con permiso, y hay una colina en mi corteza cerebral en ese momento previo, mi corteza cerebral es ella misma una colina de hierba seca despeinada color limón con la senda que conduce a mi casa, la senda sinuosa que el terapeuta siempre considerará relevante para el diagnóstico que entregará a la madre con mucho tacto terapéutico, está la senda sinuosa que va a dar a mi casa y unos patos feos amarillos graznando en los alrededores del centro y los deshollinadores están quemándose los pies con el carbón de la estufa que hay en la casa de la colina de mi corteza cerebral, y hay unos juncos desprolijos nacidos en las esquinas de la casa que tiene los ladrillos exaltados, y adentro la mujer gorda que amasa en una penumbra rosada muy parecida a su piel y el marinero ciego fuma su habano de nombre con ética triunfalista o viril y con un jarra de estaño que contiene a sus dos ojos y éstos a su vez contienen la perfecta suma de los días en que el mar se le antojó ajeno y los doce apóstoles se han sentado con las piernas cruzadas bajo el mantel a cuadros blancos y celestes y sus cigarros descansan en los ceniceros sin que haya caído ceniza sobre los cuadros blancos o celestes y ellos son los doce apóstoles aunque también podrían haber sido los doce pescadores de Galilea y ellos esperan al invitado de lujo que está un poco demorado, la colina de hierba seca despeinada con Holden velando porque los niños no caigan en el abismo y mirando el otro horizonte o el otro abismo desde el rabillo de ojo de Holden, y por donde debe aparecer el invitado de lujo demorado, y al que Holden cortejará hasta la casa de mi corteza cerebral por el camino sinuoso, y los niños se quedarán desprotegidos por un momento, tendrán el momentáneo desamparo que les hará bien mientras Holden abre la puerta y vuelve a su puesto y no ha pasado nada, nada malo sucede, y entonces el invitado de lujo entra a la casa, todos se callan y yo me callo más.

Share Button

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *