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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Like the Mangrove

By Felipe Martínez Pinzón. Translated by Cherilyn Elston.

 

For Vivian Mourra,

Patroness of his majesty, the mangrove swamp

 


 

The mangrove is an iris of the jungle,

a caiman that dozes, eyelids half-shut,

delighting in the lukewarm water.

The mangrove is a parrot under the sun’s magnifying glass.

 

The mangrove is a rhinoceros

moldy but resplendent

whose back is deloused and refreshed

by the herons that settle there

where their shadows graze.

 

The mangrove is the jungle’s bonsai

and the anteater’s interminable hammock.

The mangrove is the crab’s cosmos

and the parakeet’s piano score:

in the afternoon and in a pack

they play their green arpeggios.

 

The mangrove is the mullet’s

sky softened by sludge

and the smooth-talking fisherman’s week,

his canoe’s altar:

his garden and his torment.

 

Night steals the mangrove

yet leaves its treasure intact:

the salamanquejas sing.

 

Not even at midday, under its crown of fire,

does the mangrove

reveal its entire empire:

its world is not of this earth,

but of the bronze of its shadows on the water.

 

The mangrove is a question

that deconstructs us:

Who are we, what are we similar to?

How much do we owe to water, day, and night?

What of us is in a bird, a tree, a fish?

 

To be is to be an amphibian, share oneself, give oneself over

like the mangrove.

 

Ciénaga de la Virgen, December 2011.

 

Fotografía por Robert Max Steenkist FotoMUST

 

 

Como el mangle

A Viviana Mourra,

patrona de su majestad, el mangle cienaguero

 

Escrito por Felipe Martínez Pinzón.

 

 

El mangle es un iris de selva,

un caimán que dormita, a medio párpado,

regodeándose en el agua tibia.

El mangle es un loro bajo la lupa del sol.

 

El mangle es un rinoceronte

enmohecido pero resplandeciente

cuyo lomo espulgan y refrescan

las garzas que lo aquerencian

porque ahí pastan sus sombras.

 

El mangle es el bonsái de la jungla

y del oso hormiguero, su hamaca interminable.

El mangle es el cosmos del cangrejo

y la partitura de los periquitos

que en manada y de tarde

tocan sus verdes arpegios.

 

El mangle es el cielo

del lebranche que el fango ablanda

y es la semana del pescador boquillero,

el altar de su canoa:

su jardín y su tormento.

 

La noche se roba al mangle

y sin embargo deja su tesoro intacto:

cantan las salamanquejas.

 

Al mediodía, bajo su corona de incendio,

el mangle tampoco

nos da su completo imperio:

su mundo no es de esta tierra,

sino del bronce de sus sombras sobre el agua.

 

El mangle es una pregunta

que nos descompleta:

¿qué somos, a qué nos parecemos?

¿qué tanto nos debemos al agua, al día, a la noche?

¿qué hay de nosotros en el pájaro, en el árbol, en el pez?

 

Ser es ser anfibio, compartirse, entregarse

como el mangle.

 

Ciénaga de la Virgen, diciembre de 2011

 

(De El silencio empobrecido, libro inédito)

 

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