titulo

Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Palabras Errantes
Playing the Victim

By Sofi Richero. Translated by Alex Thomas.

To play the victim is to feel victimised / so say the good friends and family around the table and the great Uruguayan therapists / to play the victim is the verb / the most depraved refutation / the most heinous trap.

Man already felt bad enough and blamed himself, when they came to etch the impossibility of his independence / onto pain / they came to etch his most shameful dependence / and said you don’t have to play the victim, my dear.

To play the victim has its own seductive opponent / they said / think of that other verb, think of the verb to vomit / to vomit up the pallid eels of self-anguish and patiently return them to their original stomach / yours alone / a Genesis and an Ecclesiastes in the absolute bile of privacy / that you want more than anything / a Dead Sea which is yours alone / returned to your mouth spoonful by spoonful.

Her life was hell but she never complained, such control / not once did she turn to scatology or eschatology, to the Toilet or the End / but worked alone and let out her tears in an all-embracing bathroom, her pain so inclusive, goodly wretch / what a triumph for her neighbours that never stopped singing her ills, sleepless sirens / and applauding her ills, serpents of hunger.

Those who encourage the peaceful transition give this very precaution / Peacefully let what hurt die there softly and alone. / Either kill yourself under protection / laid out or discovered on the bottom of the dead Sea and in its nitrous bubbles or in the shining scab of your navel like every part of a life lived in pain / because it is a good death to release yourself, stoic and preserved, into salt and water.

Fire three or four shots into your temple and into the aquatic depths of never acting the victim / Let not even suicide be the victim’s preserve / first craft the letter that persuades of a heroic and voluntary disappearance / we can be a new and ragged Rimbaud at the Carnivals of Rivera or Artigas, a poet lost in the perfume of a black blonde from Tomás de Gomenzoro, and whisper seductively in her ear that wide-hipped women give birth more easily / say that and then die with our mouths open and a mattress of pink rubber distractedly entering through our tongues until it suffocates our palates / Or be a fickle and cosmopolitan drunk, on a messianic journey to Hawaii, on the undaunted tablet of a Calvinist pain sculpted in Vaseline and on the backsides of all others tinted with the reform for which they never cared.

To play the victim and ascend to messianic disappearance, and become a missing person in the face of the emotional democracy of a people that would hang those who play the victim; that is what we must be. / And they can stick their anguish up their arse / that is what they mean to say but cannot / because they mean to say something like throw it to the wind, or into the bin / the real Christians and the goodly invalids and the goldfish.

The real trap / that dirty whore whose soft voice says ‘do me a favour, don’t play the victim’ / and the trap which they will call playing the victim whatever / and the future belongs to the armouries / to the men who keep quiet and fix up some rope after their maté / to those goodly Uruguayans at one shot a day / the eastern suicides / those who play the victim in the sight of the sun alone, silently / and in the sight of the indigo sun that is the bishop or the pale grass of the mountains and the sun that is the daytime republic and that grey-green prince that we call – poor thing – psychoanalysis.

 Los victimistas

Escrito por Sofi Richero. Traducido por Alex Thomas.

Los victimistas son los que se victimizan/así dicen los buenos compañeros y los familiares del ágora y los grandes terapeutas uruguayos/victimizarse es el verbo/la mas cruel impugnación/la más perversa encerrona.

El hombre ya se sentía lo suficientemente mal y se acusaba a sí mismo en la falta, cuando le vinieron a tallar sobre su imposibilidad de independencia/ al dolor/ le vinieron a tallar su más vergonzosa dependencia/y dijeron: no hay que victimizarse, mi amor.

Victimizarse tiene a su hermoso gladiador contrario/dijeron/ piensa en el otro verbo, piensa en el verbo vomitar/ a vomitar las anguilas cloriformes de la angustia propia y a devolverlas con paciencia al estómago original/ sólo el tuyo/un génesis y un eclesiastés en la bilis absoluta de lo íntimo/que más quieres/ un Mar Muerto que es sólo tuyo/ cucharita a cucharita devuelta a la boca.

Su vida fue un calvario pero jamás se quejó, cuánto señorío/ ni una vez se le escapó la escatología del fin o la del water/trabajó sola y largó el llanto en un baño muy poco exclusivo, y tan inexclusivo el dolor, desgraciada buena/ qué lustre para las vecinas que no dejaron de cantar su mal, sirenas insomnes/y de aplaudir su mal, culebras del hambre.

Los que alientan el cambio en paz dicen esa misma prevención/ La paz de dejar morir lo dolido ahí quedo y solo. /O matarse en protegido/ yacido u encontrado en el fondo del Mar muerto y en las burbujas salitres o en la costrita luciente del ombligo como todo dato de vida vivida en el dolor/y porque es muerte buena dejarse ir, estoico y conservado, en la sal y en el agua.

Descerrajarse tres o cuatro tiros en la sien y en el fondo acuático del jamás actuarse como víctima/ Y que no sea de víctimas siquiera el suicidio/lograr antes la carta que persuada como desaparición heroica y voluntaria/ podemos ser un nuevo y rotoso Rimbaud en el carnaval de Rivera o de Artigas, un poeta perdido en el perfume de una rubia negra de Tomás Gomenzoro, y en aparte susurrarle al oído que las mujeres de caderas gruesas saben parir mejor /decir eso y después morir con la boca abierta y un colchón de goma rosa entrando distraído por la lengua hasta sofocar el paladar / O ser un veleta borracho y cosmopolita, uno en viaje mesiánico a Hawaii, uno sobre la tabla impertérrita de un dolor calvinista esculpido en vaselina y en el culo de todos los otros teñidos de la reforma a la que jamás se animaron.

El victimista que se eleva hasta la desaparición mesiánica y queda como desaparecido ante la democracia emocional del pueblo que quiere colgar a los victimistas, eso debemos ser. /Y que se metan la angustia en el soplo del ano/así  quieren decir pero no pueden / porque quieren decir algo como soplo del viento, soplo del asma/ los verdaderos cristianos como los buenos enfermos y como los peces dorados.

La verdadera encerrona/la de voz suave, verde hija de puta: “·házme un bien, no te victimices” / y la encerrona de lo que de todos modos llamarán victimización/ y el futuro es de las Armerías/ de los hombres que callan y arreglan la cuerda tras el mate/ De a un tiro por día esos uruguayos buenos/ los suicidas orientales/ los que se victimizan sólo ante el sol, mudos/ y ante el sol índigo del obispo o ante el de pasto claro en la serranía y en el sol republicano diurno y en de ese príncipe glauco al que llamamos, pobrecito, psicoanálisis.

Share Button

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *