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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Princess, Octopus Girl

By Nuria Mendoza. Translated by Sarah Foster.

Princess

I liked this boy. I closed my eyes when he came close: I thought, finally, he was going to kiss me. The pain cut through me by surprise. Now he keeps me in his bedroom, pinned to a cork board. And he doesn’t even look at me.

Princesa

El chico me gustaba. Cerré los ojos, cuando se acercó: pensé que por fin iba a besarme. El dolor me atravesó por sorpresa. Ahora me tiene en su habitación, clavada en un corcho. Y ni siquiera me mira.

 *

Octopus Girl

My mom kept telling everyone that I had long arms, so the first time my grandmother knitted me a sweater, each sleeve ended up five inches too long.

I decided to keep it anyway, and I wore it with my fists balled up: from a distance I looked like a failed suicide with bandaged wrists. But other times I refused to fold them and the sleeves floated around me like tentacles, multiplied by the optical effect of movement.

I’ve only kept one photograph of me in that jersey. You can see me running towards my father, he’s leaning against his Harley and he hasn’t put on his helmet yet.

I’m blurry, my arms made into serpents. They don’t quite touch him, even though I’m smiling as I approach him. But I don’t make it. We never fuse together. As much as I try, I can never hold back that farewell with my eight fake arms.

La niña pulpo

Como mi madre solía repetir que yo tenía unos brazos muy largos, la primera vez que mi abuela se animó a tejerme un suéter, me sobraban unos diez centímetros en cada manga.

Decidí quedármelo de todos modos y lo usaba con los puños doblados en varias vueltas: de lejos parecía una suicida prematura con las muñecas vendadas. Pero otras veces me resistía a plegarlo y las mangas revoloteaban a mi alrededor como tentáculos, multiplicados por el efecto óptico del movimiento.

Solo conservo una foto con aquel jersey. Se me ve corriendo hacia mi padre, que se apoya en la Harley y todavía no se ha puesto el casco.

Yo estoy borrosa, con los brazos convertidos en serpentinas que no alcanzan a tocarle, aunque me acerco sonriente hacia él. Pero no llego, nunca nos fundimos: por más que lo intento, soy incapaz de detener aquel adiós con mis ocho brazos de mentira

 

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