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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Palabras Errantes
Prosemouths

By Ernesto Estrella. Translated by Chris Schafenacker.

Start of Man

 

            In the beginning, too, nothing but dirt. Vast, inert and

endowed with a certain depth. Continually collapsing afraid of

the prowling dog that paces, probes, strikes, buries his bone in

our shapeless earthen body. Opens furrows. Inserts the foreign.

Walks away.

            Years whorl, the hibernating bone disturbs its

surroundings and leaps. Teethmarks seek their source. The

journey begins, carrying forward that sunken body now rapt,

trembling with life, with our life thus inclined.

            Years hush the rumour of that servile, jointed earth.

Until exhaustion shows up one day and conquers.

            Polished in our unbridled wound, the bone sets itself up

once more to wait.

 

 

 

Inicio de hombre

 

Sólo tierra también en el origen. Extensa, detenida y

dotada de cierta profundidad. En derrumbamiento continuo

temeroso del perro que arriba merodea. Camina, palpa, golpea,

entierra su hueso en nuestro cuerpo de barro indefinido. Abre

los surcos. Inserta lo ajeno. Se aleja.

Los años turban y el hueso hibernado inquieta todo lo de

su entorno y salta. La huella de un mordisco busca su amo.

Inicia el camino llevándose consigo ese cuerpo hundido

que ahora tiembla de rapto, de vida, de vida nuestra inclinada.

Otros años van acallando el rumor de ese barro siervo

articulado. Hasta que el cansancio vence, que un día llega.

Pulido en nuestra herida despeñada, el hueso se sitúa de

nuevo ante la espera.

 

 

 

The Moon’s Satin Sheet

 

            Crumbs scattered during a lazy lunar breakfast: stars.

            Heaps of aperitifs, plates passed around and around,

spread all throughout the night. The quiet crunch of bread

between teeth that melt without effort. At times, between

mouthfuls, the moon sleeps, always forgetting to clean the satin

sheet that supports her. Science sees transcendent architecture

in the minutia and calls this mess stars.

            Insomnia. Upon the moon’s skin, sweet flour ants take

up the bow and play on her nerves. She stirs, shifting position.

The sheet wrinkles, comes untucked at the corners, cold seeps

in and sound fills with sap. Definitive end to this languid

dream. Her angry, naked body creaks and awakens, shedding

frenetic light across mountains, plains, cities. Our torpid, blind

vigil has a name for this unrest in the moon’s bed: the sun.

 

 

 

Negra sábana de la luna

 

            Migas desprendidas durante el desayuno lento de la

luna: estrellas.

            Gran variedad de aperitivo breve, platos que ruedan, que

se extienden, durante toda la noche. Cruje casi imperceptible el

pan, entre unos dientes que se deshacen, también sin esfuerzo.

A ratos, entre bocado y bocado, la luna se adormece. Olvida

siempre limpiar el raso negro de sábana que la sostiene. La

ciencia, por conectar lo nimio en arquitectura trascendente,

llama estrellas a ese descuido.

            Insomnio. Sobre la piel, la hormiga de harina dulce

toma el arco y orquesta el nervio de la luna. Comienza el

movimiento, el continuo cambio de posición. La sábana se

arruga, se despega levemente alguna de sus puntas, asoma el

frío, el sonido se llena de savia. Definitiva clausura del sueño

lánguido. Su cuerpo desnudo, enojado, cruje y despierta,

ilumina en actividad frenética las montañas, el campo, las

ciudades. Nuestra torpe vigilia ciega denomina sol a esa

inquietud en el lecho de la luna.

 

 

 

A Mirror’s Tale

 

Bitten on a summer night by a mosquito ridden lake, the

mirror forgot and scratched into the matte finish of his dark

back.

            He’d sensed they’d stopped looking, the dance of his

figure wounded, fragile, lost among the grass. Invisible to

passersby, arrogance tossed down an empty well, his

transparent rage leans in and sets fires between men, raising

once more the coal and its message.

            But this time, the wings of flame carry neither love nor

morals.

            Safe, he now bathes between reflections, alone in

some grotto, the unfastened youth.

 

 

 

Fábula de cristal

 

            Picado en la noche de verano el hielo del espejo por

toda la mosquitería del lago, no supo y comenzó a rascar hasta

la arena su espalda renegrida.

            Sintió que dejaban de mirarlo, herido el baile de su

perfil, frágil, entre la hierba, desviado. El orgullo al pozo de

aire cuando lo cruzan invisible. Con esa transparencia,

entonces, inclinar su rabia y provocar el fuego entre los

hombres. Alzar el carbón de nuevo y su mensaje.

            Pero la llama no trae en sus alas amor ni moraleja.

            Seguro, en alguna gruta quieta, se baña ahora entre

reflejos, solo, el joven desprendido.

 

 

 

The Swallow

 

            She never touches the ground. Takes your hand —hang

on, dear, I’ve got a call on the other line— finally hangs up and

from her smile sprouts a hotel with shared hallways, her room

nearby, perfume of days to come. Rarely a second taxi after

saying goodbye. No worries. You step from the hotel and into

the night, conversation drowning out the rain. This is how the

swallow leaves you: like she’d always known you. In three

minutes she’ll have the city lined up and waiting, red carpet

ready for when you wake. She puts people on display, delivers

a friend as if he were born just this afternoon and sent to

streamline your life. She thinks that everyone can fly. And

floating in her shallow enthusiasm, she gushes about your

magical encounter. Dinner is ready, the table is set, the time has

come and in that thought you haven’t moved a single chair. The

background becomes noise like suede curtains.

            You wait two days before calling, knocking on the

memory of that chatter-filled hotel. She answers. Ear pressed to

receiver, you watch the falling debris while you repeat your

name. From within the ruins you hear secretarial cold: she’s in

the street, she’s sorry, she’s in a hurry.

            The swallow reflects, an ugly stitch in her brow,

unaware, balancing between telephone lines, on another call.

 

 

 

Golondrina

 

            No toca el suelo. Te coge de la mano —espera, cariño,

en la línea tengo otra llamada— al despedirse finalmente y de

su sonrisa brota un hotel de pasillo compartido, su cuarto tan

cercano, y un perfume de días siguientes. No suele haber un

segundo taxi tras esta despedida. No importa, tus pasos van del

hotel a la noche conversada sin sentir la lluvia.  Así te deja la

golondrina. Con la certeza de siempre haberte conocido. De ahí

que no sea difícil que en el tercer minuto haya concertado ya en

tu favor a la ciudad, que espera que amanezcas para arrojarte

sus alfombras. Ella despliega sus desconocidos y entrega un

amigo como una tarjeta que ha nacido justo esa tarde para

perfilar con nitidez tu vida. Piensa que todos podemos volar. Y

en su media hondura, flota al confesarte la magia del encuentro.

La cena ya está lista, la mesa puesta, la hora diseñada y tú no

has movido una sola silla en ese pensamiento. Atrás, el ruido

como de cortinas del bar.

            Ahora de verdad llamas, con prudencia de dos días, a su

habitación, con los nudillos apoyados en la pared de ese hotel

conversado. Ella responde. Oído al teléfono vas viendo caer

alrededor cascotes mientras repites tu nombre. Como si hubiera

sacado el frío secretario de entre las ruinas, oyes que está en la

calle, lo siente, y tiene prisa.

            La golondrina reflexiona, aprieta el ceño un punto de

fealdad y se balancea, sin saberlo, entre los cables telefónicos,

en otra llamada.

 

 

 

Waterbed of words

            I don’t sink these hours interested in your boundaries or

in the land you’ve promised to a softer hand. If your head on

my shoulders confesses names, in flesh, attention and pause, I

let myself breathe, and with ear pressed to your seashell I listen

to the meticulous reconstruction of an inherited sea. I don’t

believe that your family is necessary, while I fold the sheets

bored of sibling’s memories shaking up the evidence that you

are no more here more than in otherworldly spiritual tedium.

Would you hush a moment, my dear open void, your

outpouring pushes me to biographical strokes. I think it’s better

that I go. My side pierced. My ears bursting from your strings

of words sent headlong into the sea. I’ll say it again: don’t

accept an invitation from familiar shapes.

            Kissing you has crowded my lips with years.

 

 

 

Cama de agua de palabras

 

            No hundo estas horas con interés en tus fronteras o en tu

tierra prometida a otra mano más dócil. Si tu cabeza en mi

hombro se confiesa de nombres, en carne y en atención y pausa,

yo me confío, y con el oído pegado a tu caracola escucho la

reconstrucción minuciosa de un mar heredado. Y no creo que tu

familia sea necesaria mientras hago la sábana aburrido de

recuerdo de hermanos que estremecen la evidencia de que no

estás aquí más que en espíritu de tedio ultraterreno, como el de

la danza. Al menos un minuto que te calle, abierta vacía mía

que tus datos me llevan a brazadas de biógrafo. Así que me voy,

mejor. Tengo el costado grave, los oídos taponados por el

salvaje descenso al mar de tu cuerda sin fin. Otra vez recordaré:

no aceptar una invitación de contorno familiar.

            Besarte me ha llenado de años los labios.

 

 

 

His Death

 

Once having bitten the beautypig, as if he’d stopped

thinking, hoofs hardened and head tossed lightly against

window displays. In a remote possibility.

            They found him with brakes open like watermelons.

            Skin lit up and full of shortcuts.

            Hunger gone.

            Cold, dry and diagonal.

            His thoughtwoman derailed between mountains.

            The neighbouring curtains cop recognized him while

walking his kid home.

            Waiting, at rest under the coordinates of a gift.

            The cream of noise in a foreign city.

            They buried him with his prepositions.

 

 

 

Su muerte

 

Una vez mordido el cerdo de la belleza, como si nada en

lo suyo pensando seguía, las uñas duras y cabeceando

suavemente contra los escaparates. En una posibilidad remota.

            Le encontraron los frenos abiertos como sandías.

            La piel llena de luz y de atajo.

            El hambre fuera.

            El frío diagonal seco.

            La mujer en la que había pensado, volcada entre

montañas.

            Un policía de las cortinas vecino de vista lo reconoció

camino de su hijo.

            A la espera descansa bajo coordenadas de regalo.

            La crema del ruido, en otra ciudad inexacta.

            Lo enterraron con sus preposiciones.

 

 

 

Tumble

 

            Holding each other, spilling noise, breaking the mould, open ears.

            No more in-betweens.

            Shuffling into the street, into open air, into one another.

The idea spinning, already second in too many dreams.

            Starting today, we need this noise to speak of man.

 

Vuelco

 

            Derramando agarrados el ruido, la horma rota para poder oír.

            Parece que sin intermediarios.

            El trasteo hacia la calle, hacia el aire, hacia el otro, de la

idea rumiándose, secundario en ya demasiados sueños.

            Hoy de aquí este ruido es necesario para decir al hombre.

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