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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Reinaldo Odreman 5
Song for delicate horses and indecisive coyotes

By Enza García. Translated by Cherilyn Elston.

for Leonardo González-Alcalá

 

 

I

 

These buildings

wear the apparel of fury.

On the balcony the bad faith of the west is insinuated

it is a city with rust and government

with a ghost train, wolves and Galician taverns

but here we have bars and we walk our dogs.

In the window on that side

a woman argues on the telephone

demanding her son returns soon

it is possible that today they will kill him

because on the television

they have predicted it several times.

 

I want to think: that woman has a past

she wasn’t capable of lying to her husband

telling him that the account began at zero

that night when they were young and mercenary.

Yes, with you it was the first time I shouted so loudly.

With you I began to clench my fists so many times.

 

But please, don’t lie

you don’t want to appear better when you take the stand.

 

I have seen

that a woman proud of her occupation

weaves a kingdom on the corpse

of a pretentious goddess and hate towards two or three

of her own species

and discovers herself in the holy deferment

when a man collects her clothes

and announces it is time to go.

 

The man closes his eyes and pretends

that he cannot breathe

he denies a couple of times

that it hurts, makes a promise

between the onslaught and the night

or mid-afternoon with trees and skies

meanwhile people work and children finish catechism

or are trapped in the Metro by an electrical fault

and it is likely that the promise is only a mirage

because here

only the desert and its legends count

the sea, smoke, cries, plus birds if you like

but here everything is desert

saintly looms, death valley, percussion

the image of a man who insists

in streets announced by a sensationalist prophecy.

 

A man proud of his job

combs his hair

takes a breath before speaking, sharpens his rough edges

takes the keys

takes the tithe from the deferring animal

 

 

and leaves.

 

One gets tired and continues looking at fallen flowers

because something called him from the other side

something more than a river

for this a woman has needles, responsibilities and a past

and never walks with her head held high

towards the valley of herself

which is nothing else but death.

 

II

 

Caracas is the salon of hunger

an ancestral monument

copper, nudist, petard

it spreads out with its sensationalist alphabet.

 

It is the city of beautiful women

who if they’re at the wheel don’t give way

the patria of flabby men at the foot of a flag.

Caracas, her white hands and old Portuguese

city with cruel Armenian mothers

it has poets in the making, whores of noble ranking

and uniformed assassins:

alright, I said uniform, but don’t think

I speak of military images or their surroundings

don’t speak, don’t seek Lexotanil

today no, today no, don’t take out

the Carla Angola we all carry inside.

 

I barely speak of the illustrious apparel

of he who is hungry and yearns for:

 

the gangster this weekend

the girl who wishes to marry well

or the male head of the household who now confesses his error:

I shouldn’t have got married, I’ve never really liked

women or a house with a garden.

 

In Caracas there is hunger

and bad weather

this is why there are men who walk introspectively

 

the love poem doesn’t know

if the wolf is the worst thing that can happen.

 

It is the city of children who play Dungeons and dragons

wise labyrinths with instructions and every kind of dice

to hold back authentic barbarians

tender miseries of the children of the East

entertained by the magical death of the elves and the innocence

to destroy a kingdom, the kingdom of themselves

 

because you all will be masters of a valley or of a desert

you will have a fat belly and a depressive wife.

 

Caracas is hungry

there is hunger, mystery

magnificent universe, magnificent poor creatures

who write their names with blood, petrol

without lubricant

white beds and resentful details.

 

I have dead skies to learn the hunger of a country

but a flight is enough to believe in your arrival

I suspect that hunger is stronger than hate

or bad taste and chance

one day Caracas will achieve the prestige

of a millennial fantasy.

Only the ancient mountain will remain, at its feet the desert

 

and someone will invent a jealous god

because beyond Caracas there are even birds.

 

III

 

The light scorches

this sum of details

the light drags the fatigue

of a dream without transcendence

and its Bicentennial Angel.

The light awards body and obedience

to your guitar, to the valley of death

and to the sea that is delayed from the other side.

The light of this Babel ridicules

like a teenager

in the night in which everything amazes

and offers me dead people who won’t have the prestige

to make themselves ghosts

and birds alone with wounded chests

and early rising with so much water

a meagre sky that bestows me

any number of insinuations.

I settle

for this Babel whose golden light

prohibits us from separating in the honour of the cry.

 

 

Canción para caballos leves y coyotes indecisos

 

Escrito por Enza García.

 

A Leonardo González-Alcalá

 

 

I

 

Estos edificios

llevan el ropaje de la furia.

En el balcón se insinúa la mala fe del poniente

es una ciudad con óxido y gobierno

con tren fantasma, lobas y tascas gallegas

pero aquí tenemos rejas y paseamos al perro.

En la ventana de aquel lado

una mujer discute por teléfono:

exige al hijo que regrese pronto

es posible que hoy sí lo maten

porque en la televisión

lo han pronosticado varias veces.

 

Quiero pensar: esa mujer tiene pasado

no fue capaz de mentirle a su marido

y decirle que la cuenta empezó desde cero

aquella noche en que eran jóvenes y mercenarios.

Sí, contigo fue la primera vez que grité tan alto.

Contigo me inauguré en cerrar los puños tantas veces.

 

Pero por favor, no mientas

no quieras parecer mejor cuando subas al estrado.

 

He visto

que una mujer orgullosa de su oficio

teje un reino sobre el cadáver

de una diosa pretenciosa y el odio hacia dos o tres

de su misma especie

y se descubre en la santa postergación

cuando un hombre recoge su ropa

y anuncia que es hora de irse.

 

El hombre cierra los ojos y hace

como que le falta el aire

niega un par de veces

le duele, hace alguna promesa

entre la embestida y la noche

o la media tarde con árboles y cielos

mientras la gente trabaja y los niños salen del catecismo

o los atrapa una falla eléctrica en el Metro

y es probable que la promesa sea sólo un espejismo

porque aquí

sólo cuenta el desierto y sus leyendas

el mar, el humo, los gritos, agrega pájaros si quieres

pero aquí todo es desierto

santos telares, valle de la muerte, percusiones

la imagen de un hombre que insiste

en calles anunciadas en una profecía amarillista.

 

Un hombre orgulloso de su oficio

se peina

toma aire antes de hablar, afila sus aristas

toma las llaves

toma el diezmo del animal que se posterga

 

y se va.

 

Una se cansa y sigue mirando flores caídas

porque algo lo llamaba desde el otro lado

algo más que un río

por eso una mujer tiene agujas, deberes y pasado

y camina con la frente jamás en alto

hacia el valle de sí misma

que no es otra cosa que la muerte.

 

II

 

Caracas es el salón del hambre

monumento ancestral del hambre

cobre, nudista, petardo

se despliega con su alfabeto amarillista.

 

Es la ciudad de mujeres bellas

que si están al volante no dan paso

la patria de hombres flácidos al pie de una bandera.

Caracas, sus manos blancas y sus viejos portugueses

ciudad con crueles madres armenias

tiene poetas en ciernes, putas de noble octanaje

y asesinos con uniforme:

vamos, dije uniforme, pero no crean

que hablo de estampas militares o sus alrededores

no se alteren, no busquen Lexotanil

hoy no, hoy no, no saquen

a la Carla Angola que llevamos dentro.

 

Hablo apenas del ilustre ropaje

del que tiene hambre y se anhela:

 

El malandro este fin de semana

la muchacha que casarse bien desea

o el padre de familia que ahora confiesa su error:

no debí casarme, nunca me gustaron tanto

las mujeres ni la casa con jardín.

 

En Caracas hace hambre

y hace mal tiempo

por eso tiene hombres que caminan mirando hacia dentro

 

el poema de amor no sabe

si el lobo es lo peor que puede pasar.

 

Es la ciudad de los niños que juegan Calabozos y dragones

sabios laberintos con instrucciones y toda suerte de dados

para retrasar bárbaros auténticos

tiernas miserias de los niños del Este

entrenados entre la mágica muerte de elfos y la inocencia

para destrozar un reino, el reino de sí mismos

 

porque ustedes serán los amos de un valle o de un desierto

tendrán la barriga grande y una esposa depresiva.

 

Caracas tiene hambre

hay hambre, misterio

magnífico universo, magníficas pobres criaturas

que escriben tu nombre con sangre, gasolina

sin lubricante

camas blancas y resentidos pormenores.

 

Tengo cielos muertos para aprender el hambre de un país

pero me basta un vuelo para creer en tu llegada

 

sospecho que el hambre es más fuerte que el odio

o el mal gusto y el azar

un día Caracas alcanzará el prestigio

de un fantasma milenario.

Sólo quedará la montaña anciana, a sus pies el desierto

 

y alguien le inventará un dios celoso

porque incluso detrás de Caracas hay pájaros.

 

III

 

La luz calcina

esta suma de pormenores

la luz arrastra el cansancio

de un sueño sin trascendencia

y su Ángel Bicentenario.

La luz concede cuerpo y obediencia

a tu guitarra, al valle de la muerte

y al mar que se demora del otro lado.

La luz de esta Babel ridícula

como una adolescente

con su noche que de todo se asombra

y me ofrece gente muerta que no tendrá el prestigio

para hacerse fantasma

y pájaros solos con el pecho dañado

y madrugadas con tanta agua

cielo magro que me otorga

una suma de insinuaciones.

Me poseo

por esta Babel cuya luz dorada

nos prohíbe separarnos en la honra del grito.

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