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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

The Impostor and the Shadow

By Carmen Rioja. Translated by Frances Riddle.

en español

In the living room there’s a shadow who insists I am the impostor. I have chased him out several times but he persists in staying to tint everything with mauve and burgundy. Sometimes it takes me an entire day to get him out of the house. He says he doesn’t want to go, that the nights outside are dangerous because there are other shadows that want to dissolve him.

He would like to leave me outside but in the end he realizes that he can’t do that.

***

He gets up late, not until the sun is already high, because he spends nights awake checking for shapes in the mirror, in the window panes or in the corners of the walls. When he wakes he stretches his arms wide, he screeches loudly and for a moment it seems as if he weren’t afraid of the shadows anymore. Then everything that has meaning to him, like the house’s portraits, the old couches, the small books, the CDs, the sweaters, and the red skirt, begin to take shape and before he even looks at them they form themselves completely. So just as soon as he opens his eyes he is able to perceive everything as if it had always been there. Sometimes things are so stuck to the light that I can’t move them anymore and when I’m finally able to get him outside, the things stay there for a while, until the sun finally comes all the way in through the window and they disappear.

If he’s inside, he usually double locks the door. Where he keeps the key is a mystery I haven’t solved; he keeps it in his hand almost all the time and when I’m not looking it has already disappeared. He still doesn’t understand that keys are totally useless to shadows. Just half-disappearing and taking a step forward is all it takes to pass through anything that seems to be there.

***

At least he hasn’t caused me any trouble with visitors. When someone comes to the door, as if by magic -and maybe as a result of the knocking- the shadow slips away across the floor and disappears with all his nostalgic traces. Perhaps I can only be certain which things are really there and belong to me in those moments. Lately when I’m alone I tend to mix it all up. Sometimes to check if something exists or not, I carry out a procedure which I engineered and which includes a swat and second glance. If I see something suspicious, first I pretend to be distracted, then I quickly turn my head towards the object, I stare at it, and as quickly as possible, as if trying to kill a fly, I swat at it in an attempt to flatten it. If the object disappears, there is no doubt that it was one of the many melancholic projections of the shadow. If the object breaks, rolls across the floor, goes flying, or hurts my hand, then I can be sure it’s real.

The true problem now and my main concern day and night, what has kept me from sleeping for several days, is how to tell the difference between what is real and what is true. Because not everything that isn’t real is necessarily untrue. That is to say that the truth can be true without having to be real. That’s why I must take the utmost precaution with the impostor shadow. When he first called me instead of my name, impostor, and shouted at me to go away, I wasn’t alarmed even for an instant. I knew that you have to ignore shadows and let them suffer in peace until they solve their conflict on their own and they leave or dissipate. My true concern began when he stared and swatted at me.

Now he does it all the time, as if he were copying my ingenious procedure to distinguish which things are real. He insists on shouting impostor at me and on double locking the door when he thinks I’m outside the house.

What I need are more visitors to cheer me up and keep me company. But it has been a while since anyone has come and I think I’m unhappy.

***

The real things have been disappearing. Nothing is left except the house, and the walls are becoming so faint that one day they will end up dissolving too.

In the meantime I know that the real one is me.

I arrived a long time ago, maybe from the beginning even though I don’t remember anymore. It was the other one who taught me to pass through walls before I knew how.

El impostor y la sombra

En la sala hay una sombra que asegura que yo soy el impostor. La he corrido varias veces pero insiste en quedarse y teñirlo todo de malva y grana. A veces me ocupa todo un día sacarla de la casa. Dice que no se quiere ir, que las noches afuera son peligrosas porque hay otras sombras que quieren disolverla.

Quisiera dejarme afuera pero al fin se da cuenta de que eso no puede hacerlo.

***

Él se levanta tarde, hasta que el sol está ya muy alto, debido a que pasa las noches en vela mirando si hay figuras en el espejo, en los cristales de las ventanas o en las esquinas de los muros. Cuando despierta estira muy largos los brazos, se desgañita y por un momento parece como si no tuviera ya más miedo de las sombras. Entonces todas las cosas que significan algo para él, como los retratos de la casa, los sillones viejos, los libros pequeños, los discos, los suéteres, y la falda roja, comienzan a formarse, y antes de que él intente mirarlos se forman por completo. Así cuando él ha acabado de abrir bien los ojos, alcanza a percibir todas las cosas como si siempre hubiesen estado allí. A veces esas cosas están tan amarradas a la luz que yo ya no puedo moverlas y cuando al fin logro sacarlo a la calle, las cosas siguen ahí por un rato, hasta que el sol por fin entra de lleno por la ventana y desaparecen.

Si está adentro, acostumbra cerrar la casa con doble llave. Dónde la guarda, es un misterio que no he resuelto; la sostiene en la mano casi todo el tiempo y cuando me distraigo ya ha desaparecido. Sigue sin entender que la llave no le sirve de nada a las sombras. Basta con esfumarse a medias y dar un paso adelante para atravesar cualquier cosa que aparente estar allí.

***

Al menos no me ha dado problemas con las visitas. Cuando alguien llega a la puerta, como por arte de magia y quizás como efecto de los golpes en la puerta de madera, la sombra se escurre por el piso y desaparece junto con todos sus rastros cósicos y nostalgias. Tal vez es únicamente en esos momentos cuando puedo estar seguro y diferenciar cuáles cosas sí están y son las mías.

Últimamente cuando estoy solo tiendo a confundirlo todo. A veces para comprobar si algo existe o no, realizo un procedimiento que he ingeniado y que incluye un manotazo y un vistazo doble. Si veo algo sospechoso, primero me hago el distraído, luego giro rápidamente la cabeza hacia el objeto, lo miro fijamente y con la mayor velocidad posible como si se tratara de matar a una mosca le doy un manotazo para aplastarlo, si el objeto desaparece, no cabe duda que es una de las muchas proyecciones melancólicas de la sombra, si el objeto se rompe, rueda por el suelo, sale volando o me revienta la mano, entonces puedo estar seguro de que es real.

El verdadero problema ahora y mi mayor preocupación de día y de noche, lo que me ha mantenido sin dormir durante ya varios días, es el diferenciar lo que es real de lo que es verdadero. Pues no todo lo que no es real es por eso no verdadero. Es decir que lo verdadero puede serlo sin tener que ser real. Por eso debo tener la mayor precaución posible con la sombra impostora. Al principio cuando me llamó en lugar de por mi nombre, impostor, y me gritó que me largara. Yo no me alarmé ni por un instante, pues sabía que a las sombras hay que ignorarlas y dejarlas que penen holgadamente hasta que solitas resuelvan su conflicto y se vayan o se desvanezcan. Mi verdadera preocupación comenzó desde que me miró fijamente y me arrojó un manotazo.

Ahora lo hace tan seguido, como si hubiera copiado mi ingenioso procedimiento para distinguir las cosas reales. Insiste en gritarme impostor y en cerrar con doble llave cuando me cree fuera de la casa.

Lo que necesito son más visitas que me animen y acompañen. Pero hace tiempo que nadie viene y en verdad creo que me estoy desanimando.

***

Las cosas no reales han estado desapareciendo. No hay nada sino la casa y los muros se van haciendo tan tenues que algún día terminarán también por disolverse.

Mientras tanto yo sé que la auténtica soy yo.

Llegué hace mucho, quizás desde el principio aunque ya no lo recuerdo. Fue la otra la que me enseñó a atravesar los muros antes de que yo supiera cómo.

 

Carmen Rioja (Monterrey, 1975) is an artist, conservationist and writer. She has published poetry, short stories and art criticism in numerous newspapers and magazines. Her story ‘The Nahual Offering’ appeared in the recent anthology of Mexican fantastic literature, *Three Message and a Warning* (Small Beer Press), which brings together prominent Mexican writers. She is the author of the collection of short stories, *La Muerte de Niña* (Ediciones el hechicero, 2002); her story ‘La Casa de Chayo’ was made into a short film by Giuseppe Solano, winning an IMCINE prize in 2009. She has been a columnist for the newspapers *El Corregidor* and *Querétaro*. She runs literary workshops and courses and currently is the director of the San Miguel de Allende’s International Writers Festival.

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