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Palabras Errantes Latin American Literature in Translation

Palabras Errantes
Emiliano Bustos/ Geoffrey Maguire

Written by Emiliano Bustos. Translated by Geoffrey Maguire.

 

The Swimmer[1]

 

Neither the beginning nor the end;

in what remains the film is silent,

black and white patience from a soaked swimmer.

There is a place, almost destroyed, a house where

I saw the film, the black-wood chair,

the television close, rain in the street.

In my memory the film neither starts nor finishes.

But it keeps the swimmer soaked passing house by house,

through the walls, touching doors that open either a kindness

or an indifference; my memory keeps the swimmer

saying words I cannot hear, keeps a blonde woman,

someone slender and thin.

He swims in each house’s pool, for some reason

I cannot recall he wants to swim in every pool,

passing by houses like countryside, the walls of the houses.

He enjoys each blue pool; I imagine them blue.

The euphoria, the clear delirium that the swimmer had when

he sank into the first pool, was, little by little,

darkening like the day he was leaving behind.

I know that he speaks though in my memory I cannot hear

what he says, those who hear him also speak to him,

they do not feel overwhelmed by him but perhaps his waters

may not be a summer’s skin, perhaps the swimmer’s journey

is the sunken water, the burning of the eye, the golden day

of the first pool, the house where the golden-haired woman

spoke so little; someone’s dark waves stop him.

They speak at the water’s edge; obviously the slender figure

is an ill-fated tarot for the swimmer; the houses that follow

are alone. The swimmer wants to continue swimming, the gold from the first

dip is far away like his house. In every house behind

windows or winter gardens there is no one, the swimmer

is the water, the waves support him, the sunken water,

no one speaks to him anymore. The golden skull, the dark slender figure,

those who spoke to cheer, even those who spoke

to sadden, they all left. Empty houses,

the soaked swimmer and the dying day, the

swimmer searching for the blonde, searching in the dark, through houses, through

walls, through the pools he hardly advanced, barely a few

streets, barely the metres that a path can undo

in a flash. But the metres and the steps are far away.

There is water, sunken water, you have to swim to a

final house, and it is this one, this last house which I cannot remember.

I remember the swimmer’s happiness with the blonde, the grief

on the swimmer’s face with the slender figure, the empty houses

and the stroke, as if someone saw him,

as if the blonde and the other figure saw him in every wave, in

every sunken water, happy words, sunken

words are what the swimmer has left after the blonde, after

the darkness; the houses are empty but they leave him the

words, behind the drops on his hard face the

drops of happy words are left, of sunken words;

little drops of gold so the lonely houses are not

the only body, the mind ruined by the only body.

The swimmer wants words in the mind of only things;

but in my memory his body does not reach the last

pool, he does not reach any side, he stays in only things,

with the blonde and the other man’s words saving him, working

his memory to save him from just things, from the happy

words and from the sunken words, the beginning is gone,

and the end too; what my memory has is gold and shadow,

sunk in the sunken water, happy words and sunken

words in memory, swimming to the last house

of the only body, the blonde and the other man swimming like the swimmer;

telling him that the day can also finished on foot, him

telling them that the day is not alone if memory swims,

the day is not lonely if memory sinks to search for

something; something that on the surface may not live from the bottom. But

I do not know if the swimmer did this, perhaps he ended his day

jumping a wall onto the street, perhaps there were two houses

or three, not the infinite ones I know, the infinite houses that in my

memory the swimmer swims in a television so far away

like The Iliad, I don’t know if it is him who swims in a film,

my memory doesn’t care if it is him, if it’s a pool, if it’s a film;

my memory wants, as always, its slow empire swimming

to the only house and the lonely body, its gold and its shadow

accompanying the lonely body to the only house; isn’t this

the gold of a memory? isn’t this shadow of a memory?

Who or what doesn’t matter for this, my altarpiece,

because my body matters touching the gold I see,

touching the shadow I see, my accompanied body matters,

my body outside my memory.

 

 

*

 

El nadador[2]

 

Ni el principio ni el fin;

en lo que queda la película es muda,

negra y blanca paciencia de un nadador empapado.

Hay, casi destruido, un lugar, una casa donde

vi la película, la silla de madera negra,

el televisor cerca, una lluvia en la calle.

En mi memoria la película no empieza, no termina.

Pero guarda al nadador empapado cruzando casa por casa,

por los muros, tocando puertas que una amabilidad

o una indiferencia abren; mi memoria guarda al nadador

diciendo palabras que no oigo, guarda a una rubia,

a alguien fino y delgado.

Él nada en la pileta de cada casa, por algo

que no recuerdo quiere nadar en todas las piletas,

cruza como campo las casas, los muros de las casas.

Goza en cada cuenca azul; las imagino azules.

La euforia, el neto delirio que el nadador tenía cuando

se hundió en la primera pileta, fue, de a poco,

oscureciéndose como el día atrás del nadador.

Sé que el habla aunque en mi memoria no escucho

lo que dice, los que lo escuchan también le hablan,

no se sienten invadidos por él pero quizá sus aguas

no sean la piel de un verano, quizás el viaje del nadador

sea el agua hundida, el ardor del ojo, el día de oro

de la primera pileta, la casa donde la mujer de cabeza dorada

habló tan poco; las ondas oscuras de alguien lo detienen.

Hablan al borde del agua; evidentemente la fina figura

es un tarot funesto para el nadador; las casa que siguen

están solas. El nadador quiere seguir nadando, el oro del primer

chapuzón está lejos como su casa. En cada casa detrás

de cristales o jardines de invierno no hay nadie, el nadador

es el agua, lo sostienen las ondas, el agua hundida,

ya no hay quien le hable. El cráneo dorado, el fino oscuro,

los que hablaban para alegrar, aun los que hablaban

para entristecer, todos se fueron. Las casas

vacías, el nadador empapado y el día casi muerto, el

nadador buscando a la rubia, buscando al oscuro, por casas, por

muros, por las piletas no avanzó mucho, apenas unas

calles, apenas los metros que una caminata deshace de

un plumazo. Pero los metros y los pasos están lejos.

Hay agua, hay agua hundida, hay que nadar hasta una

última casa, y es esa, la casa última la que no recuerdo.

Recuerdo la felicidad del nadador con la rubia, la desolación

en el rostro del nadador con el fino, las casas vacías

y la brazada, como si alguien lo viera,

como si la rubia y el otro lo vieran en cada onda, en

cada agua hundida, las palabras felices, las hundidas

palabras le quedan al nadador después de la rubia, después

del oscuro; las casas están vacías pero le quedan las

palabras, detrás de las gotas en el rostro duro quedan

las gotas de palabras felices, de palabras hundidas;

gotitas de oro para que las casas solas no sean

el cuerpo solo, la mente derruida por el cuerpo solo.

El nadador quiere palabras en la mente de las cosas solas;

pero en mi memoria su cuerpo no llega a la última

pileta, no llega a ningún lado, se queda en las cosas solas,

con las palabras de la rubia y del otro salvándolo, funcionando

su memoria para salvarlo de las casas solas, de las palabras

felices y de las hundidas palabras, no está el principio,

no está el fin; lo que tiene mi memoria es oro y sombra

hundidos en agua hundida, palabras felices y hundidas

palabras en la memoria, nadando hasta la casa sola

del cuerpo solo, la rubia y el otro nadando como el nadador;

diciéndole a él que el día también se termina a pie, él

diciéndoles que el día no está solo si la memoria nada,

el día no está solo si la memoria se hunde para buscar

algo; algo que en la superficie no viva del fondo. Pero

no sé si el nadador hizo eso, quizás terminó su día

saltando el muro que da a la calle, quizá fueron dos casas

o tres, no las infinitas que yo sé, las infinitas casas que en mi

memoria nada el nadador en un televisor tan lejano

como La Ilíada, no sé si él es quien nada en alguna película,

a mi memoria no le importa si es él, si es pileta, si es película;

mi memoria quiere, como siempre, su lento imperio nadando

hasta la casa sola y el cuerpo solo, su oro y su sombra

acompañando al cuerpo solo en la casa sola; ¿no es ese

el oro de una memoria?, ¿no es esa la sombra de una memoria?

No importa quién o qué para este retablo de mí,

porque importa mi cuerpo tocando un oro que veo,

tocando una sombra que veo, importa mi cuerpo acompañado,

mi cuerpo fuera de mi memoria.

 

*

All the Little Tiles of a Swimming Pool

 

For Rosaura

 

A marriage is the depth of your wife, and

almost always, it occurs to me, relationships are

what the depth of their feminine side desires.

Sleek, the nipples under the blouse that I washed,

with the scent that both this house and we can

give it: a marriage is all the house’s scent, the

depth which one summons to walk as

a new born, as an elderly man. A wife arms ands

disarms the talent of everything that happens: sometimes

in reality, which separates as it advances; other times with

the red of meat that, opened, is whole. A

marriage is the depth in which, promise

or insult, are bored through like spare bones;

wells, little hollows. A marriage knows what must

be healed so the restoration may continue. Insults,

once remembered, that have the dimensions of an empty

henhouse; promises dragged into the present, abandoned

in the present. A marriage never manages to dismantle

the times which came before it; they remain as stretches

of moon and path, and in some moment of the day

they separate the minutes: some to your wife, others to the time

when you were able to be anything except what you are

today. A marriage is the depth of your wife.

Reason and sleep within the scent that you washed. A

marriage is the depth of all the little

tiles of a swimming pool, it’s the drought of those that

continue being a single colour outside the water: in its transparency

the time of the relationship.

 

 

*

Todos los pequeños azulejos de una pileta

 

A Rosaura

 

Un matrimonio es la profundidad de tu mujer, y

casi siempre, se me ocurre, las uniones son lo

que la profundidad de su lado femenino quiere.

Lábiles, los pezones debajo de la remera que yo lavé,

con el olor que esta casa y que nosotros podemos

darle: un matrimonio es todo el olor de la casa, la

profundidad en la que se arma para andar como

recién nacido, como anciano. Una mujer arma y

desarma el talento de todo lo que pasa; a veces

con la realidad, que avanzando desune; otras con

el rojo de una carne que abierta es íntegra. Un

matrimonio es la profundidad en la que, la promesa

o el insulto, son horadados como huesos libres;

pozos, huequitos. Un matrimonio sabe lo que hay

que sanar para que la restauración siga. Insultos

que recordados tienen la dimensión de un gallinero

vacío; promesas rastreadas en el presente, abandonadas

en el presente. Un matrimonio nunca llega a desarmar

los tiempos que lo precedieron; quedan como tramos

de luna y camino, y en algún momento del día

separan los minutos: unos a tu mujer, otros al tiempo

en el que pudiste ser cualquier cosa menos lo que sos

hoy. Un matrimonio es la profundidad de tu mujer.

Razón y sueño dentro del olor que lavaste. Un

matrimonio es la profundidad de todos los pequeños

azulejos de una pileta, es la sequía de los que afuera

del agua siguen siendo un solo color: en la transparencia

el tiempo de la unión.


*

The Gondola that is Today

 

Stillness of a cloudy day

satisfies my thirst,

gently burdens me,

and on a bench

offers me a coven,

a small and cunning herbarium

where other voices

from your voice grow

without being sown.

 

*

La góndola que es hoy

  

Quietud de un día nublado

me da de beber,

me da leves embarazos,

y en un banquillo

me ofrece un aquelarre,

un astutísimo y pequeño herbario

en donde crecen

sin ser sembradas

otras voces de tu voz.

 

*

Absence

 

 

We are not a team, truly

we are not a team.

You are not here,

you should be here. To be a team

you should be here.

Even so,

I resist the urge to blame.

As if I took you by the arm

(you’d be a old man, let me remind you),

I would go with you to visit these tombs you never envisioned.

The temperature is low,

cars mill around

out in the open

and their owners may never return.

The world is not insured.

But, I want to return to this idea,

and tell you that even though it is impossible

that we are a team, I still

was, for quite a while,

like a reserve soldier

enduring our battlefield.

And I kept you company, pretending you were there,

in many foreign places.

It is not your fault. It has been a long time since you were here.

It is not easy to say.

Sometimes I dream that I wrestle

with an arm, only with an arm,

and it doesn’t have the colour of other arms,

it’s red, green, indigo!

And I wake up not knowing who won,

I really wake up without knowing who won.

It would be easier if you were here: you could ignore

everything that happens

and be what you truly are.

If you were here for an instant to explain to me

that this is the way it is and always will be.

 

An explanation from you

would complete the circle.

 

 

*

Ausencia

  

No somos un equipo, verdaderamente

no somos un equipo.

Vos no estás,

tendrías que estar. Para ser un equipo

tendrías que estar.

Aun así,

no deslindo responsabilidades.

Como si te llevara del brazo

(serías un viejito, te lo recuerdo),

te acompaño visitando esas tumbas que no imaginabas.

La temperatura es baja,

los autos se arremolinan

a la intemperie

y puede que sus dueños no vuelvan.

El mundo no está asegurado.

Pero, quiero volver a esa idea,

y decirte que si bien es imposible

que seamos un equipo, igual

fui, durante bastante tiempo,

como un soldado de reserva

aguantando nuestro campo de acción.

Y te acompañé, haciendo de cuenta que estabas,

a muchos lugares extraños.

No es tu culpa. Hace mucho que no estás.

No es fácil decirlo.

A veces sueño que pulseo

con un brazo, sólo con un brazo,

y no tiene el color de todos los brazos,

es rojo, verde, ¡índigo!

Y me despierto sin saber quién ganó,

realmente me despierto sin saber quién ganó.

Sería más fácil si estuvieras: podrías ignorar

todo lo que sucede

y ser lo que verdaderamente sos.

Por un instante si estuvieras para explicarme

que esto es así y que va a ser así siempre.

 

Una explicación de tu parte

cerraría el círculo.



[1] Poem inspired by John Cheever’s short story “The Swimmer”; specifically on the film version.

[2] Poema escrito a partir de “El nadador”, cuento de John Cheever; más específicamente a partir de la película basada en ese cuento.

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